
—Mi religión me manda dar a Dios el debido culto. La ley, en cambio, dice que tengo la libertad de hacerlo. Eso implica que tengo también la libertad de no hacerlo. Es decir, la ley dice que no es un deber, sino sólo un derecho. ¡Se me está imponiendo legalmente algo que contradice mis creencias! Por lo tanto... ¡LA LIBERTAD DE CULTO ES CONTRARIA A LA LIBERTAD DE CULTO!
—Dios mío...




